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Por no caer en tu trampa
llegué a tomar precauciones;
me protegí de tus besos,
tus caricias, y otros dones.
Sabía que iba a perder
cuando el tiempo transcurriera,
no me importó continuar
por lo que puta pudiera.
Y así seguí hacia adelante
recorriendo aquel calvario,
que terminó transformándome
en un triste solitario.
Autor: Jorge Horacio Richino - en Buenos Aires el 9 de mayo de 2007 - 0:35 hs. (Todos los derechos reservados)
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