Mi?rcoles, 27 de junio de 2007
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Juntábamos caracoles con el mismo entusiasmo.
También recogíamos piñas
y los frutos de los eucaliptos.

Todo nos llamaba la atención
en la naturaleza
...todo era de un inmenso valor.

Hasta la arena nos llevábamos,
piedritas, ramitas y otros tantos recuerdos.
Lo más hermoso era el entusiasmo
que, por igual, nos dominaba a ambos.

Yo sentía una inmensa alegría
al notar que a los dos no hacía felices
el estar juntos con el mismo objetivo
y experimentando el mismo placer.

Me agradaba compartir mi tiempo contigo
en esas triviales pero muy tiernas tareas,
pero lo fundamental para mi era saber que
...simplemente estabas allí, a mi lado.

Aquella cena especial, sólo para nosotros,
en un viejo restaurante sobre la costa marina,
perfumada del olor a frutos del mar
y del fresco y suave aroma de la brisa
que llegaba penetrante desde la playa.

Los paseos diarios por la orilla del océano
sobre la blanda y húmeda arena,
a pesar -por momentos- del viento o el frío;
nunca pudieron abandonar mis pensamientos.

Y como fijados para siempre en mis sentidos,
se quedaron conmigo aquellos instantes
que guardo como valiosas perlas que la vida me dejó
para que ello me permita deducir cual fue el hechizo
que supo arraigar en mí estos profundos sentimientos,
y deduciendo me surge una inequívoca y certera
reflexión..."Simplemente estabas allí, a mi lado".


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Autor: Jorge Horacio Richino - en Buenos Aires a los 27 días de junio de 2007 13:16 horas. (Todos los derechos reservados)

Tags: estabas allí, a mi lado

Publicado por Gheoaleg @ 14:16
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