S?bado, 22 de septiembre de 2007




Era una tarde de cielo plomizo.
fr?a y ventosa.
El aire marino tra?a en su aroma
sabores de melanc?licos
episodios que deseaban llegar a la orilla
para salir definitivamente de las sombras del oc?ano.

Recuerdo que tomamos un camino costero
que nos llevaba desde Necochea hacia el norte.
A pesar del d?a gris y el tiempo tempestuoso,
dentro del auto disfrut?bamos de ese paseo
un poco nost?lgico por el clima que nos rodeaba.

El camino no era del todo parejo
y sorteamos muchas curvas hacia uno y otro lado
para finalmente llegar a un poblado de casitas sencillas,
y fue all?, o tal vez muy cerca, que divisamos
a metros de la playa
el esqueleto de un barco hundido
levemente inclinado hacia el lado de la costa
y totalmente corro?do por el salitre marino
como por los fuertes golpes del oleaje.

Bajamos del coche y en un peque?o m?dano
nos pusimos a contemplar el cuadro
que nos pintaba esa situaci?n especial.
Recogimos de la arena algunas conchas de caracoles
y ramitas quemadas por el yodo y la sal,
resecas por el sol...ausente en ese instante.

Nos miramos de manera c?mplice
sabiendo que est?bamos disfrutando ese momento
que era tan solo para nosotros dos.
El viejo barco encallado daba un aspecto misterioso
y melanc?lico al escenario de la historia
que hab?amos creado para nuestros recuerdos.

Nos dimos un beso que ayudo a atemperar
el fr?o que sent?amos por el viento que soplaba del mar,
y finalmente reiniciamos el regreso a la ciudad
gozosos de estar unidos y felices.
El atardecer mor?a lentamente
y por el espejo retrovisor del auto
pude ver entre la bruma que cubr?a el aire
aquel viejo nav?o clavado en la arena
y dos figuras - las nuestras - que flotaban en el
lugar...en que un d?a especial de nuestras vidas
dejamos marcada para siempre la cr?nica de aquel amor.




Autor: Jorge Horacio Richino - Buenos Aires 12 de
septiembre de 2007 - Todos los derechos reservados




Tags: El barco hundido

Publicado por Gheoaleg @ 2:21
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