Viernes, 14 de diciembre de 2007

El viaje sin fin
(Cuento)




El hombre se acerc? hasta la ventanilla de expendio de pasajes de la vieja estaci?n del ferrocarril. All? se expres? de la siguiente forma:
- Por favor, deseo el boleto m?s caro que tenga el servicio.
- A que lugar va usted, se?or? le pregunt? el empleado.

-No importa el lugar, usted v?ndame el pasaje m?s caro.


El empleado que no ten?a muchas ganas de perder el tiempo le dio un boleto que ten?a por destino la estaci?n terminal del servicio; y el hombre, luego de pagar, se retir? conforme de la ventanilla.

El se?or, que no llevaba consigo equipaje, se ajust? un bot?n de su saco, se arregl? el nudo de su corbata, guard? su billete en uno de los bolsillos, y se dirigi? al and?n para tomar asiento en uno de los bancos que se encontraban al exterior de la estaci?n, y en tanto aguardaba la llegada del tren, comenz? a contemplar las flores de unos canteros que se hallaban a su alrededor.

Al cabo de un rato se escuch? el silbato de una locomotora que se aproximaba a la estaci?n entre los chirridos de sus ruedas al frenar y
el estrepitoso ruido que generaba la caldera al despedir sus bocanadas de vapor.
De pronto el convoy se detuvo y descendi? de ?l un grupo de personas donde se pod?a ver una mujer mayor y tres aparentes matrimonios acompa?ados por un grupo de j?venes.

El caballero ya se hab?a levantado de su asiento y tuvo que apresurarse para abordar el tren, pues el guarda -parado en el estribo del ?ltimo vag?n- anunciaba la inmediata partida de la formaci?n.
Apenas subi? los escalones de la puerta de ingreso al vag?n, busc? un asiento junto a una ventanilla para poder contemplar el paisaje que le ofrecer?a su viaje.

Casualmente no le fue dif?cil hallar el lugar adecuado, pues el vag?n estaba totalmente vac?o.
El tren inicio su marcha y como es com?n a esas viejas locomotoras de vapor, lentamente y not?ndose la fuerza que deb?a realizar la m?quina para arrastrar al conjunto de vagones que se alistaban a ella, fue recorriendo pesadamente los primeros tramos hasta que tom? su velocidad usual.

As? comenz? el camino del caballero que parec?a disfrutar del viaje observando detenidamente cada postal de im?genes que se presentaba a sus ojos, a trav?s del marco de la ventana.
De esta forma, el tren, recorri? un largo camino y solamente se detuvo en algunas escasas estaciones que sirvieron al viajero para que pudiera reflexionar sobre los paisajes que hab?a estado disfrutando.

- Se?or! -dijo el guarda- va a tener que bajarse, aqu? termina el recorrido.
- No es posible, contest? el hombre y agreg?: ?ste no es el sitio a donde yo voy, seguramente el tren retomar? la marcha.

El guarda le explic? nuevamente que no seguir?a el viaje y que ese era el final, y tambi?n que ya nadie quedaba en el tren. Incluso el maquinista hab?a bajado de la locomotora para realizar las formalidades de rigor antes de efectuar las maniobras para poner la m?quina en posici?n opuesta y enganchar, otra vez, la formaci?n.

Ante la reiterada negativa del pasajero para descender, el guarda le inform? que ir?a a buscar al jefe de la estaci?n a fin de que concurriera con alguna autoridad policial, si fuese necesario, para que el se?or desistiera de su empecinamiento, y cuando descendi? del vag?n sucedi? algo notablemente ins?lito.

El convoy comenz? a moverse despaciosamente y casi ni se escuchaban los ruidos comunes a la partida usual de un tren arrastrado por aquellas ruidosas e imponentes locomotoras a vapor. De a poco fue cobrando marcha progresivamente y vaya a conocerse por que causa equ?voca de la casilla de se?ales y cambios, la formaci?n tom? por una vieja v?a abandonada y para asombro de los que quedaban en la estaci?n se fue perdiendo en el horizonte, de una manera tan extra?a que parec?a que se lo estaba tragando el crep?sculo de la tarde.

En tanto, dentro del tren, el pasajero permanec?a sereno y siempre observando las im?genes del camino, que parec?an, cada vez, menos intensas.
As? fue como la formaci?n n?mero 2409 de la l?nea de transporte *Ferrocarriles del Para?so*
se perdi? en una inexplicable dimensi?n y nunca m?s se supo de ella.
Posteriormente se pudo determinar que ?ste hab?a sido su viaje n? 1945 y que hab?a dado un servicio ?til a la empresa.
Dem?s circunstancias de este relato se ignoran y nadie se ha encargado de continuar averiguando sobre tan extra?a desaparici?n.




Autor: Jorge Horacio Richino.
Serie: Cuentos desinspirados.
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Publicado por Gheoaleg @ 12:33
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