Domingo, 02 de septiembre de 2007
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Corría el año del Señor de 1118
y un anhelo en la mente de nueve valientes
se hizo finalmente realidad.
Al mando de "Hugo de Payens"
secundado por "Godofredo de Saint Omer"
se concreta la Orden de
"Los Pobres Caballeros de Cristo"
quienes de allí en más
llevarán en alto el estandarte del Reino de Dios,
en tanto siga fluyendo por sus venas
aquella sangre abnegada y heróica
que no dejaría de acompañarlos jamás.
Todo para lograr el noble propósito
de defender sus ideales
aunque pudieran tropezarse con la muerte
en aquella sagrada misión que se habían trazado.


Con la anuencia del Rey "Balduino I de Jerusalén"
lograron establecer su alojamiento
en un lugar que el soberano dispuso para tal fin,
y durante nueve años vivieron sobre
la parte principal de lo que fuera el templo de Salomón.
Fue entonces que su nombre se transformó
en el de los "Caballeros del Templo"
y posteriormente llegó al de "Caballeros Templarios"
o simplemente "Los Templarios".

De un coraje sin igual
se involucraron en mil combates
con su pensamiento y su ideal
puesto profundamente en la fe Cristiana
y en los objetivos de la Iglesia Católica
como en la defensa de la Tierra Santa.

La figura del "Abad Bernardo de Claraval"
influyó en forma tan importante
que su Santidad el Papa otorgó
grandes atribuciones y privilegios
a esta organización de monjes guerreros.
La Orden fue creciendo
y siempre sus espadas y sus servicios
se mantuvieron fieles a Cristo y a Dios.
Sus ropajes o hábitos eran blancos
y en ellos lucían la bella cruz roja
que caracterizaba la presencia de los monjes
en toda lucha...en toda contienda.
Muchos murieron como héroes
en el campo de batalla
y justificaron el valor que jamás ocultaron
como también su humildad y su nobleza.

Corrió el tiempo y estos valientes luchadores
no cejaron en su misión,
y en el respeto y la defensa
de la Iglesia de Cristo.
Y así continuaron demostrando su valor
como también ofreciendo
hasta sus propias vidas para defender y fortalecer
los ideales que se habían impuesto mantener.

Mas llegó un momento
en que todo se trocó en desgracia
y no se podrá conocer profundamente
que intenciones maliciosas
pobló la mente de sus perseguidores,
quienes lejos de obrar con ecuanimidad
los persiguieron, traicionaron, y los ajusticiaron.
Estos siniestros personajes fueron
"Felipe IV - Rey de Francia" y "Clemente V - Papa"
a quienes se sumaba el cruel y despiadado
"Guillermo de Nogaret".

Cobarde y traicionera fue la sentencia
y así enviaron a la hoguera
- un 18 de marzo de 1314 -
al último Gran Maestre "Jacques De Molay"
junto a otros tantos Templarios.
Se cuenta que el Maestre antes de expirar
grito su maldición dirigida a sus verdugos,
y paradójicamente y en forma progresiva
aquellos que lo sentenciaron
terminaron siendo condenados por la
enfermedad y la fatalidad
y en poco tiempo éstas acabaron con sus vidas.

Aún queda una deuda pendiente
para con estos fieles y nobles hombres
que fueron expuestos a la persecución,
al destierro, y la muerte,
y que deberá en algún momento
reconocerse como una notoria injusticia
por parte de las autoridades
que hoy les corresponde tomar tal decisión.
Pues la historia aún no admite aquella tremenda inmoralidad
que todavía no se puede olvidar, ni mucho menos comprender.

Que los poderosos del mundo
jamás se puedan atribuir
injustas potestades que condenen
a aquellos que merecen proseguir!

Caballeros de la cruz y de la espada
sus nombres permanecen en la historia,
sus nobles corazones aún perduran
poblados del valor y de la gloria!




Autor: Jorge Horacio Richino Verdaguer - (Buenos Aires, 15 de agosto de 2007) - Todos los derechos reservados.

Tags: Templarios - "Oda"

Publicado por Gheoaleg @ 2:23
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